Comenzamos este número de Tradición Viva con un artículo dedicado a esos otros voluntarios de la contrarrevolución, que bajo el grito de "VIVE LE ROI" supieron defender sus principios frente a la impía revolución. Ellos enseñaron el camino de la resistencia a Europa, ellos fueron los primeros que hicieron uso del detente como acendrada defensa del catolicismo, y ellos supieron ser generosos cuando llegara el momento con el legitimismo español.

                 

La sección de Textos cuenta en esta ocasión con un desconocido texto de Ramiro de Maeztu, “las formas que el pasado tendrá en el porvenir”, en donde el autor defiende la necesaria vuelta a la tradición.

 

El historiador José Fermín Garralda nos acerca con “el sentido de la guerra de España de 1936” a esa verdad histórica que se desarrolló durante el franquismo consistente en despojar al Alzamiento del 36 de sus connotaciones religiosas. Los carlistas lucharon, como ya lo habían hecho en su pasado, en defensa de Dios y convirtieron así, a pesar de muchos, la guerra del 36 en una auténtica cruzada.

 

Con “breves notas sobre el proceso al general Zaratiegui”, el lector podrá revivir uno de los hechos más injustos de la Primera Guerra Carlista, el procesamiento y la posterior prisión de uno de los más prestigiosos generales del bando carlista, don Juan Antonio de Zaratiegui.

 

César Alcalá nos acerca a Doña Blanca de Borbón, primogénita de Carlos VII, y depositaria, según algunas corrientes carlistas, de los derechos al trono de la dinastía legítima tras la muerte de su tío Alfonso Carlos I.

 

En la sección Biografías traemos el testimonio de uno de esos hombres desconocidos, fiel reflejo de los ideales de los requetés que murieron en defensa de Dios, Patria, Fueros y Rey, en esta ocasión el teniente Francisco Roda Llopis.

 

Al arte nos acerca un breve artículo sobre el proyecto Ferrer Dalmau desarrollado por algunos maquetistas.

 

Por último, concluimos este número con un artículo dedicado al reciente beato don Cándido Castán de San Jose, que supo defender en el martirio las ideas católicas de una España que se resignaba a desaparecer en 1936.